Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relatos. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de octubre de 2009

Crónicas de Lima la Gris 04


¿Qué cosa? ¿C.T.M? ¿La tuya? Fue casi increíble el ver una casaca con tan atrevidas siglas. Fue tal mi desconcierto que no pude resistirme a sacar mi celular, sin importar que estaba en pleno mercado de frutas a bordo del infame "San Bartolo". No había pirañita que me impidiera conseguir una foto así.

Atrevido estibador, de los clásicos que llegan a cargar media tonelada de naranjas a espalda limpia. Sudando la gota gorda de sol a sol para conseguir sobrevivir, y con suerte, enviar a alguno de sus ocho hijos al colegio.

R.C.T.M. Pacheco...

jueves, 1 de octubre de 2009

La Guerra Del Fin Del Mundo

"Y es que la vida es un cuento, que hay que vivir en el momento"


Transcurrían los más gélidos días de invierno. Sonó aquella canción que le encantaba, pero que empezaba a odiar desde que la puso como alarma. Con sorprendente habilidad, logró apagarla sin abrir un solo ojo para así arrebatarle unos cuantos minutos más de sueño al día. Unos momentos después, la culpa lo llevó a levantarse a duras penas de aquella cálida y cómoda cama que lo invitaba a quedarse todo el día en sus entrañas. Observó a través de su ventana aquel deprimente color gris del cielo que lo acompañaba día tras día y que estaba empezando a odiar. Se puso lo primero que encontró y se dirigió hacia la cocina a exigir su desayuno.

Su madre, que lo recibía con todo el amor del mundo, se le acercó para besarlo. Él, totalmente apurado hizo un ademán de rechazo. Había tenido suficientes muestras de afecto durante 20 años, exigió su comida con más fuerza. Su madre, comprendiendo su mal humor, se resigno a alcanzarle lo que había preparado. Devoró lo que encontró frente a él, mientras se daba cuenta que iba a llegar tarde a sus clases; pero nada importaba, no había fuerza sobre el mundo que evitara que se acabara su desayuno. Cogió sus cosas, se puso cualquier casaca que encontró y salió disparado al paradero. "Chau ma', vengo tarde" fue lo único que dejó antes de despedirse.

Caminaba, casi trotaba por la calle. El sólo hecho de pensar en que tenía que tomar una combi para llegar a la universidad lo hacía sentirse enfermo, lo hacía desear regresar y meterse en su cama otra vez. Esperó un par de minutos, subió a su "adorada" combi, afortunadamente, encontró un asiento. Tan mecánico siempre, tan rutinario, tan desesperante. No podía soportar vivir un día exactamente igual al anterior, una y otra vez. Estaba harto de todo.

Sin embargo, había algo raro en ese día tan frío, no era tan igual, tan común a los otros. Él, sentado, viendo a la gente pasar por la ventana. Los veía deambular como fantasmas, nadie sonreía, nadie conversaba. Todos y cada uno de ellos se encontraban como inmiscuidos en su propio mundo, en otra dimensión. Como si no se dieran cuenta que había gente a su alrededor. Los rostros, eran tan fríos, tan inexpresivos. No logró identificar sentimiento alguno, ni alegría, ni dolor.

Se sentía tan lejano, tan extraño a todos, como si fuese el único que se diera cuenta de lo que sucedía. Quiso llorar, quiso gritar, quiso matarlos a todos. Se sentía tan impotente, tan triste, tan furioso de sentirse una persona más del montón, un alma en pena más de la ciudad. Odió a todos y a cada una de las personas que veía, los odió como a nada por ser como eran, por ser tan vacíos, por hacerlo sentirse completamente solo. Se odió a sí mismo por haberse dado cuenta de lo que sucedía, que él también era uno de tantos que seguía el pasar de los días con resentimiento, sin emoción. Llegó a odiar la forma en la que había llegado a hacer cada uno de sus días una rutina sin fin en donde todo transcurría solamente por inercia.

Acercándose a su destino, pagó su medio pasaje y se bajó en la misma esquina de siempre. Trató de justificar todo el conflicto que llevaba en su interior. Ni lo extenuante que podría llegar a ser la universidad, ni el rechazo de la chica que le gustaba, ni la muerte de su padre; nada era lo suficientemente sólido para explicar la deriva a la que había llegado su vida. Recordó mejores años, los largos veranos que aprovechó para correr bajo el sol con todos los amigos de su cuadra. Sintió la emoción una vez más y no llegaba a encontrar la forma en la que había pasado de ser la alegría de sus padres a la sombra de una vida.

De pronto, todo cobró sentido. Su vista se puso en blanco, cerró los puños con furia, se olvidó de todos los fantasmas que andaban por las veredas de Lima la gris. Pensó en él, en su felicidad, en que no importaba si es que se sentía muerto de cansancio, si debía tomar la misma maldita combi todos los días, si la chica que le gustaba no le hacía caso. Mandó todo al demonio, y es que se dió cuenta de que la vida es un cuento que hay que vivir en el momento. Se sentía tan feliz, tan decidido, su vida cobraba un nuevo rumbo finalmente. Todo habría sido tan distinto de no ser por ese maldito carro que no frenó a tiempo, que no le dió tiempo de reaccionar, que lo había dejado en medio de la pista. Sentía que el invierno se iba, que los problemas desaparecían lentamente. Sólo podía pensar en lo hermosa que pudo haber sido su vida de haber sucedido todo de otra manera. El aire le empezaba a faltar, cada vez se le hacía más difícil respirar, y sólo pensaba en que debío haberse quedado en su cama. El dolor lo invadía, la única forma de detenerlo era dejando entrar a la sangre a sus pulmones. No comprendía por completo lo que sucedía, quería llegar a sus clases de una vez, pero las piernas no le respondían. Deseaba levantarse e ir a pelear los años que había perdido. Pero la realidad era otra, poco a poco el dolor empezaba a desaparecer, el mundo empezaba a silenciarse, el dia se convertía en noche. Dentro de él se liberaba la lucha más grande que se había visto, La Guerra del Fin del Mundo, en donde trataba de vencer a la muerte, ya que había perdido la guerra contra su vida. El frío desaparecía lentamente, sus lágrimas brotaban y el aún no sabía nada. Sólo podía pensar en que debió haberle dado ese último beso a su madre, en que las cosas pudieron ser tan distintas si se hubiera dado cuenta de que la vida no había sido cruel con él, sino que él había sido cruel con su vida.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El Fin de la Eternidad

"Y es que en mi vida, el amor llevaría su nombre de ahora en adelante: Fiorella"

Siempre he pensado en mi vida como una lucha perpetua contra mi destino, cual Edipo buscando escapar de aquella inexorable naturaleza. No pudiendo hacer menos, me encargue de devolverle los golpes a este, que siempre regresaba con la única consigna de hacerme morder el polvo una vez más. Sin embargo, he empezado a pensar en todos estos años, que todo lo que había vivido era mucho mas que una simple pelea; la vida me estaba preparando para algo sobrenatural, para algo mas allá de mi comprensión anteriormente: el amor.

Innumerables años he pasado alegrías y tristezas totalmente solo, al final, esa siempre hacia sido mi naturaleza, la de un lobo solitario. Aullando siempre a la luna, ocultando mis penas siempre en la oscuridad de la noche, tras garras y colmillos. He maldecido a la diosa fortuna, al destino y la vida misma por haberme condenado a deambular sobre esta tierra totalmente solo. No obstante, ahora materializo la magnitud de mis palabras y veo como se reducen a la categoría de blasfemias. Nunca habría podido pensar que así como el destino se había encargado de quitarme las cosas que mas he querido en el mundo, la vida se encargaría de poner el mundo entero en mis manos.

Ella llego como una ráfaga de sol en invierno, en el eterno invierno de mi vida. Irrumpiendo desde la nada hasta lo más profundo de mi corazón, sin aviso y sin pausa. Inundando de colores las calles, devolviéndome la fe en la vida, en el amor, aquella esperanza perdida después de tantas guerras perdidas.

Han pasado ya 30 días desde la primera vez que nos besamos, desde aquella mágica noche en la cual desapareció el mundo entero y el tiempo se detuvo solo para contemplar ese maravilloso evento. Puedo sentir aun como se estremece la tierra y como tiemblan sus labios al rozar los míos. Pienso todos los días en como ese evento a sido tan crucial y puso mi vida entera de cabeza para siempre. Ha sido tanto para mi, que es casi imposible poder describir los acontecimientos del ultimo mes en mi vida al detalle. No es cuestión de escasez de recursos literarios ni mucho menos de falta de sentimiento, se trata simplemente de que las palabras no son suficientes para plasmar la magnificencia de lo que he vivido hasta ahora. Es por este motivo, por el cual vengo a dar vida a estas letras, a impregnarlas de una parte de la magia que estoy viviendo, que estoy disfrutando por primera vez. Simplemente estoy acá para gritarle al mundo entero que estoy enamorado, y que mis días se soledad han terminado, que nunca mas tendré que escribir líneas tristes.

Me resulta tan impensable a veces que esta sensación de bienestar y felicidad total sea real, pero hoy más que nunca la siento en el aire rodeándome, tan material como la inspiradora de estas humildes líneas. Es por eso que vengo y le grito al mundo entero que he perdido la cabeza, que el amor late acá en el lado izquierdo de mi pecho. Que mis días son los mas bellos gracias a ella, gracias a Fiorella, la causante de este celestial sentimiento. Mis palabras son de ella, y hacia ella van.

Es el primer mes que cumplimos como enamorados y el único mes en toda mi vida en el que he agradecido a la vida cada amanecer por haberme bendecido con su corazón, sus besos, su sonrisa, su amor. Y es que en mi vida, el amor llevaría su nombre ahora en adelante, pues sin ella volvería a dejar de tener sentido alguno para mi.

Gabriel

El 20 de Setiembre del 2009, cumplí 10 meses. Ella "resucitó" este escrito que le di el primer mes de enamorados.

Lágrimas invernales de una tarde sin vida

“Y es que la vida deja de tener sentido cuando empezamos a negarla”

Ella suspira, mientras observa el jardín de rosas, las flores parecen haber olvidado su encanto en algún lugar de la noche. Ella está sentada tratando de contener sus lágrimas, de no explotar. Necesitaba de algo que la hiciera olvidar, o más bien, que la haga pensar en que la vida aún podría tener sentido, necesitaba de él.

Él siempre fue su verdadero amor, nadie más la pudo haber amado de igual forma y ella no podría haber vivido al lado de alguna otra persona. El gran amor de su vida no estaba mas ahí, la había abandonado hace mucho tiempo atrás.

Ella pasa la tarde mirando el cielo desde su ventana, en el mismo lugar en el que él le dio el último adiós. Observa el firmamento, como esperando el regreso de su amado. El día es frío y triste, el aire lleva consigo un aroma de nostalgia, de dolor.

Lejanos parecen los días en que ellos dos estuvieron juntos, en las buenas y en las malas, siempre juntos. La vida les dio los golpes más duros que tenía guardados, hizo que temblara su mundo entero, pero nunca pudo separar aquellas dos mitades que siempre latieron juntas, que siempre fueron el mismo corazón.

Decidió dejarla una mañana de verano, llevándose consigo la alegría de su vida, la luz de sus días, el encanto de su sonrisa. Ella derramó su vida entera en sus lágrimas cuando él se despidió, le rogaba entre el llanto más triste que pudo haber existido que no la deje, que cumpla su promesa de permanecer a su lado por toda la eternidad. Desesperada, no sabía como afrontar aquel momento, se destruía por dentro al verlo alejarse. Él pronunció sus últimas palabras y se despidió con aquella mirada que siempre la cautivó, la misma que permanecía imborrable después de tantos años.

Ella observa como la vida pasa y pasa sin detenerse, sollozando. Ve cómo el día parece suicidarse robándole el aroma a las flores, el canto de las aves y el coqueteo del sol más tímido que existía.

De haber podido escoger su destino la hubiera visitado todos los días sin falta alguna, de haber podido. Sin embargo, empacó todo lo que pudo cargar y partió hacia aquel lugar de donde no se puede regresar. Él nunca quiso irse, nunca antes que ella. La muerte se lo llevó lentamente hace mucho tiempo atrás, él luchó valientemente durante varios años contra aquella enfermedad, ella peleó incesantemente a su lado cada día, cada hora, cada instante. Las lágrimas derramadas en su entierro fueron tantas que podrían compararse con el diluvio bíblico.

Con el pasar del tiempo, el dolor fue haciéndose más llevadero para todos. Sin embargo, ella nunca pudo dejarlo ir, aún parece rogarle que no la deje todas las tardes de invierno, cuando en medio de estas tardes tan heladas clama por un poco de ese calor que él ya no podrá darle.

Ella observa sus fotos y parece gritarle al cielo que le devuelvan al gran amor de su vida, parece gritar desde el fondo de su alma que la espere, que llegará el día en que puedan estar juntos una vez más.

Érase una vez


Todo comenzó, misma investigación científica, por mi curiosidad. Andaba realizando un proyecto de tesis, cuando, por esas casualidades de la vida, se me ocurrió la arriesgada e irresponsable idea de crearme un blog. Nunca he sido fanático de este tipo de cosas, y no es que sea un troglodita de las cavernas, no, es que simplemente mis ideas y/o relatos nunca han visto la luz porque no era mi intención publicarlos. Sin embargo, gracias a un virus (de computadora, claro está), perdí todos mis textos, relatos, cronologías, ensayos, balbuceos, quejas, estupideces que había escrito. Mi nombre es Gabriel, pero no soy ningún García Márquez. Simplemente adoro escribir por el placer de hacerlo. Empiezo este blog con el afán de no volver a perder esa recopilación de historias y abstracciones, que con dolor tuve que despedir y con nostalgia recuerdo.

Terminaré con el proyecto de tesis este... Qué flojera...